martes, 9 de febrero de 2016

Y dejar latiendo las venas
sobre la piedra fría.
Destilar una eñe.
Susurrar la tilde.
Sufragar tu boca.

Desde algún vidrio puro
llegas
creciente pretérita 
a los márgenes desocupados
de mi voz en los noviembres
llegas
inmarcesible
a despoblar mi ausencia.
Y resisto
frente al oblicuo lunar
que trepa en tus mejillas.
Selva, rácimo, temblor.

Latir tu nombre
tu nombre horizontal. 

Y silencio
y respiro
el mundo incandescente
de tu sombra en la mía.

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