lunes, 13 de junio de 2016

Existe un susurro
transitando
tu vientre indescifrable
tu aroma indescifrable
todo lo indescifrable
del latido próximo.
Existe un susurro
que fragmenta las noches
para filtrarse en tus labios
y rebela
una madeja de lirios
en lo oscuro de mi boca
y trasciende
cartográficamente
los nudos de metal
las nubes de metal
todo el metal
de la caricia lejana.
Siempre
el mismo temblor
arrojando nuestra piel
al espacio desmedido
así tus dedos
jugando con el aire
que solícito contrae
tu lengua

mi vértigo.

martes, 9 de febrero de 2016

Y dejar latiendo las venas
sobre la piedra fría.
Destilar una eñe.
Susurrar la tilde.
Sufragar tu boca.

Desde algún vidrio puro
llegas
creciente pretérita 
a los márgenes desocupados
de mi voz en los noviembres
llegas
inmarcesible
a despoblar mi ausencia.
Y resisto
frente al oblicuo lunar
que trepa en tus mejillas.
Selva, rácimo, temblor.

Latir tu nombre
tu nombre horizontal. 

Y silencio
y respiro
el mundo incandescente
de tu sombra en la mía.

miércoles, 13 de enero de 2016

Descubrir el nudo
que trazan los cimientos
en su encrestada liturgia
excitar los derruídos minutos
y sus molares de alambre y tiza
permanecer
firmemente flexible
como la tarde
en tu lengua.
Ya
sin demoras de cartón anudadas al exófago
fusionar los vértices
los embargos.
Exiliar 
las palabras entrecolmilladas
que gangrenan
las barrigas con bocas
los dientes sin hambre.

Ahora
reconocernos en las estrías que nos hilan
geografía única
de nuestra levedad en el viento.
Quedará
el bosque
ululando
sin alambradas.
Sobre el suelo
derramar 
                      los años
                      las plazas
todos los nombres inexactos                 como el nuestro.
Ahora
que el silencio rasura

impenetrablemente...

lunes, 4 de enero de 2016

Para que no te fueras
y enhebraras los quicios de mi cuerpo
limé lo áspero de los charcos
                               en la tinta
                                        sobre la hoguera
desposeído del incendio
entregado
                                         a los minutos vacíos que el corazón expira.
Para que no me fuera
desarrollé teóricamente cada uno de mis bostezos
infinitas fórmulas
de látigos y alcantarillas.
Leí todos los manuales de personalidad
analicé cuidadosamente el carácter de las hormigas
                                                              las salamandras
el olvido.
Tomé café por las mañanas
y
                       regularmente
enquisté calcio a todas las puertas.
Los domingos
a la tarde
hilaba mis pantalones
algunas sábanas.
Para que la vida no divagara
insulté las piedras los árboles
y maldije tus piernas
o los naranjos en flor.
Nada.
Nadie.
La escucha fue creciendo como el viento sobre la tripa.
Sin precipios
la piel

sucumbió.