miércoles, 25 de noviembre de 2015

Silbaba curvas de azahar y lino
desataba minuciosas partículas a su escultura
lamía cipreses
como una serpiente de coral
                             caminaba
una respiración, dos eucaliptos, tres Andrómedas.

Esperaba autobúses de hiedra y gelatina
y habitaba el cielo desprevenido
oscultando definitivamente
                                              cada matiz
de su cuerpo holográfico.

Aguaceros bailaban en su cintura
y los zapatos
                         empapados hasta las rodillas
despeñaban sonrisas torcidas
                                  y dientes negros.

Había nacido para sembrar flores en esquinas demacradas.

Helsinki deseó una postal con su rostro de hojas y nieve y océano.

Si os la encontráis en una acera
desorientada         dolorida
decidle que cualquier león mastica plástico con barro y estambre 
en esta ciudad sin niños.

Después

dejadle que vuele.
Se inicia el poema
sobre depuestas hojas de sal y pimienta.
Cocido el margen del aire
sus ínfulas de cera
que bañan la cerrazón de la tortuga.

Un
paso
al
vacío.

Ronronea un gato
espejos de escombros y vinilos
y vienes a buscarme
desmesurada o desmedida
entre el frondoso follaje
de esparto.

¿A quién
buscas
en la tarde vaporosa
incendiada de tuétanos?
Estoy aquí.
Cerca del enjambre de las acacias.
Busca la letra
la puntuación inexacta que engorda las haches
busca
y no venzas a nadie.
Pero salva al gusano extraviado
que florece en tu ceja.
Solo a él
o al bosque que te ampara.
Llueve otra vez
y el plástico se escarcha

y brotan escamas.