martes, 23 de diciembre de 2014

Los buenos son quienes tertulian en un bar cualquiera sobre el precio de la gasolina
quienes visten en lugares insospechados con ofertas dos por uno
quienes cobran cebollas y agua de lluvia para calentar caldo
quienes cruzan calles con la mirada puesta en cada esquina
cuidando tal vez que alguien arrebate su dignidad.

Quienes talan maderas amazónicas para una fábrica europea para exposiciones españolas
y cobran justo lo acordado por la ley que hacen aquellos que ingresan la tala la fábrica la exposición
novecientos setenta y séis euros coma treinta y dos céntimos
los decimales solo sirven para el hambre.

Te encuentras con ellos todos los días haciendo tareas heróicas 
comprar verduras lámparas frutas calcentines estropajos
papel higiénico para limpiar la putrefacción en lenguas ajenas.
Se pueden localizar en parques
alimentando palomas
jugando a sentirse menos solos y abatidos.
Siempre verás sus manos agrietadas formando surcos hacia un sueño que nunca llega
el trabajo dignifica al hombre y le permite vivir mejor, ¡debéis esforzaros!
dicen aquellos que visten Armani y cagan tartar crujiente de solomillo con sésamo.

Los buenos, en este tiempo, tienen una particular destreza:
permanecen callados impasibles en apariencia ante aquellos.
Puede perdurar esta acción
hasta agotada la última cebolla o gota de lluvia.

Es fácil reconocernos entre nosotros
levantar el rostro apenas unos centímetros
mirarnos a los ojos.

Entonces
que tiemblen.


No hay comentarios:

Publicar un comentario