miércoles, 31 de diciembre de 2014

instante de lluvia y bosque y ojos grandes
olvidas de tu cintura
las espigas caudalosas.

Sonrisa
madera indefinida en pies alzados
nueces de yeso
          en alambradas de piel
estanque
          de ayeres escarpados.

Vibran
          tierras dicotómicas
          cuerpos amordazados
                  dos labios
                        oscilando.

En el umbral
tu sombra
mi sombra
moviéndonos el viento en su lenguaje de cometas
          libando concavidades desprotegidas
          con soplos certeros de agua y salitre
              dos nucas
                  una ausencia
                      el invierno.

Idioma de lagartos
en las brasas

de nuestras manos vacías.

martes, 23 de diciembre de 2014

Los buenos son quienes tertulian en un bar cualquiera sobre el precio de la gasolina
quienes visten en lugares insospechados con ofertas dos por uno
quienes cobran cebollas y agua de lluvia para calentar caldo
quienes cruzan calles con la mirada puesta en cada esquina
cuidando tal vez que alguien arrebate su dignidad.

Quienes talan maderas amazónicas para una fábrica europea para exposiciones españolas
y cobran justo lo acordado por la ley que hacen aquellos que ingresan la tala la fábrica la exposición
novecientos setenta y séis euros coma treinta y dos céntimos
los decimales solo sirven para el hambre.

Te encuentras con ellos todos los días haciendo tareas heróicas 
comprar verduras lámparas frutas calcentines estropajos
papel higiénico para limpiar la putrefacción en lenguas ajenas.
Se pueden localizar en parques
alimentando palomas
jugando a sentirse menos solos y abatidos.
Siempre verás sus manos agrietadas formando surcos hacia un sueño que nunca llega
el trabajo dignifica al hombre y le permite vivir mejor, ¡debéis esforzaros!
dicen aquellos que visten Armani y cagan tartar crujiente de solomillo con sésamo.

Los buenos, en este tiempo, tienen una particular destreza:
permanecen callados impasibles en apariencia ante aquellos.
Puede perdurar esta acción
hasta agotada la última cebolla o gota de lluvia.

Es fácil reconocernos entre nosotros
levantar el rostro apenas unos centímetros
mirarnos a los ojos.

Entonces
que tiemblen.


martes, 9 de diciembre de 2014

Se derrumba una tormenta de cerezas
en esta noche de luna coja
          nunca sabrá que mis uñas
arañan fotografías a su estela.
Busco en cada bar
           su aroma extravíado
                     o una cerveza vacía
temblando con su pintadragones en los contornos
                     o una nota de soul
           lloviendo extractos bancarios
                     de risas, sábanas, vientres.
He cambiado el nombre de todas las calles
                      ráfagas de colillas liman mi piel
           a esta hora              estará durmiendo copos de nieve
           a esta otra bailará frenética sin rumbo
           en esta regalará su mirada de león             a un perro de escayola
           en aquella             poblará de naranjos una chaqueta verde
o robará tiburones en una tripa de seda y alambre.
Qué más da.
Las calles nunca me llevarán a ella.

Cuando los bosques reclaman mi presencia en su abrazo de niño huérfano
marcho por los bordillos
                            reptando roídas calzadas neuronales
              “será que todavía            no sabe lo que siente”.

Y quedo arremolinado
diseccionando granos de arroz en el regazo de un arlequín
esperando científicos que espanten             mis latidos
que justifiquen
                          de cualquier manera
que su estricta madurez

                                        no me recuerda.