viernes, 24 de enero de 2014

Ciudad apoética

Faltará espacio en el acantilado
brotará de senos raquíticos la sangre
inflamará el temor       voces verdes
temblará        cada tramo de papel.

Viviremos hipotecados en los abrazos
seccionaremos cordones umbilicales
y morderemos miradas transeúntes.

Alquilaremos algodones de arena blanca
para dejar caer huesudas tristezas.

Rasgará una mano fisuras aturdidas en las grutas saladas que aflojan las sombras       un temblor a la sonoridad de una metáfora sangrada con sudor de brea y llanto crudo de serpiente

Hablaremos con lenguas de seda
y recelo en las esquinas
cantaremos el rocío que el alma exhala
en una mañana cualquiera.

Los intrépidos
-léase también poetas-
opondrán el despotismo sináptico
de las cadenas hornadas
que disciplinan neuronas.
Denunciarán la estafa
de la piedra y las tripas


aunque el aire      vacíe su saliva al mar.




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