lunes, 11 de noviembre de 2013

Diluvio

Del fuego azul que torció la noche
nadie habló.

De las cenizas ultrajadas
en oxidadas gargantas
                         nadie habló.

Y avanzaron
          escariador somnoliento
          que guillotina pestañas.

Dejamos olvidada nuestra espalda
en aceras sin huellas
comiendo sangre
rezando óbitos
exhalando
                    nuestros sueños.

Y mordimos la madera en los cuerpos quebrados.

Pero no hay esquelas
          para matar al silencio
          que renace en las pupilas.

Y del silencio
emergió un suspiro.
Y del suspiro
brotó un sueño.
Y del sueño
nació una voz.

De la voz
la raíz indestructible
incinerando el expolio
de nuestros versos unidos.

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